| Querría contaros la historia de mis niños… Bueno, os la cuenta Barton.
Hola, soy Barton, un perro que nació el 15 de abril de 2005 (más o menos). Con dos meses me abandonaron en un callejón con un saco de pienso, y yo me quedé esperando a que regresaran. Una señora pasó por allí y me recogió. Mis papás estaban buscando un perro y se enteraron por unos amigos de un perrito abandonado (yo). Mi mamá fue al parque a verme y se enamoró de mí. Como mis papás aún no tenían casa, a los pocos días me mudé a casa de la abuela. ¡Jo, lo tenía todo, era el rey! Despertaba a mi mamá todas las mañanas para que me bajara a la calle, y el resto del día lo pasaba con la abuela hasta que ella regresaba. Luego me volví a mudar a mi nueva casa. ¡Jooo, qué bien!
El invierno de 2006 (febrero) llegó Timón (gato), tenía tres meses y medio. Llegó a la familia con muy pocos días y la abuela lo alimentó a biberón porque mamá no podía por el trabajo. Cuando supo ser autosuficiente vino a casa. ¡Menudo es el tío! Es un callejero, está todo el día fuera y sólo viene a casa a comer y a tumbarse en el sofá a dormir. Me gusta cuando viene por la parte de atrás de la casa y se mete por la galería. Me encanta morderle el cuello y las patas.
El tercero en llegar fue Pepe (perro labrador). Pepe fue adoptado de una perrera. Con tan sólo dos meses sus papás le abandonaron allí. Mi papá (Jorge) fue a adoptar un hermanito para que me hiciera compañía y poder jugar y salir a correr juntos. Pepe estaba en una jaula con un cachorrito de pastor alemán, su compañero, que pegaba unos saltos como un canguro, pero Pepe estaba tumbadito con cara de triste. Mi papá dijo “este, me quedo con este”. Los chicos le dijeron “ese tiene las patas mal” y mi papá les dijo “da igual, me llevo este”. Lo llevaron al veterinario y le pusieron sus primeras vacunas, y para casa. Cuando le ví entrar no me hizo mucha gracia, pero sabía que se quedaría y qué podía hacer (nada). Era mi nuevo hermano. Ahora, seis meses después, no lo cambio por nada; es lo mejor que mis papás me pudieron dar. Es el mejor hermano del mundo, a veces es un pesado pero, bueno... Le encanta morderme el cuello; me ha roto tres collares y le encanta destrozar las plantas de mamá. Bueno, nos gusta a los dos. A mí me gusta más escarbar en los árboles y a Pepe escarbar en las macetas de la terraza. Los dos hacemos un buen dúo, jajaja.
Queremos dar las gracias a mis papás por tenernos y darnos todo su cariño, sus mimos y su amor, siempre, aunque a veces seamos unos malotes.
Ana, 26 años, Valencia. |