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• Ana Luisa

Yo también he adoptado


Cuando vimos a Lila en la puerta de nuestra casa, en un pueblo de Teruel, sólo vimos 500 gramos de suciedad, enfermedad y una leve respiración. Nuestra decisión de cogerla y cuidarla fue tomada sin pensar, una decisión tomada desde el corazón.

La llevamos a la Facultad de Veterinaria, y allí el diagnóstico fue un tanto abrumador, pues creo recordar que no había una parte de su pequeño cuerpo que no estuviera enferma. Pero sus ganas de vivir y su fuerza hicieron lo imposible (bueno y los días pasados en la UCI y los cuidados de estudiantes y profesores, que también ayudaron). Tuvimos que curarle heridas, limpiarle constantemente, enseñarle a alimentarse, darle calor y mimos… Sólo verla mirarme, hizo que se me olvidara mi promesa de no tener nunca animales en casa. Cada vez que me acercaba a ella con las gasas, bastoncillos, pomadas, vendas e intentaba huir, me sentía culpable; pero luego, cuando me miraba desde mi regazo con esos ojillos de dolor y agradecimiento a la vez, conseguía hacerme llorar.

Poco a poco, Lila fue engordando, curándose, aprendiendo a utilizar la arena, a comer sola y, sobre todo, aprendiendo a jugar, algo que consigue que deje de hacer cualquier cosa que estoy haciendo para compartir con ella el placer del “pilla-pilla” o el gusto de cazar a "Manolo" (su ratón de trapo).

Hoy no nos imaginamos como sería estar sin ella. Y cada mañana, en cuanto abrimos la puerta de nuestro dormitorio y salta a nuestra cama a jugar y a despertarnos del todo,
me la comería a besos; bueno en realidad me la como y se me come a besos.

La única cosa en la que no nos ponemos de acuerdo es en el baño. Eso sigue
sin gustarle, pero bueno, los caprichos de después hacen que todo se olvide. Verla correr por casa, sana y alegre es una de las mejores sensaciones que he conocido.

De verdad, no me di cuenta que algo me faltaba, hasta que ella me miró. Por
eso he dicho que nosotros también fuimos adoptados, porque ha sido ella quien nos eligió, quien nos ayudó, quien nos da más de lo que recibimos.

Un saludo a todos, adoptados y adoptadores, caminen a dos o a cuatro patitas.

Ana Luisa, Zaragoza, 39 años (y su marido Javier).








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