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Nuestras/tus historias
 
 


 

 

Yo también he adoptado
Acaba de hacer un mes que acogimos a un nuevo miembro en nuestra familia.

Fuimos al pueblo un 25 de julio a pasar las vacaciones de verano. Después de llegar y organizar la ropa fui a dar un paseo y vi un perro al que nunca se le vio por el pueblo. Los vecinos me dijeron que llevaba por el pueblo unos diez días, pero no le hice mucho caso, ya que yo siempre quise tener perro pero mi marido no estaba conforme.

Al día siguiente le volví a ver y no pude resistir acercarme a él, pero sólo eso. Y así un día tras otro. Cuando hablé el primer día por teléfono con mi marido se lo conté, y no hizo alusión a que me lo llevase a casa, así que nada. Cuando llamó mi madre también se lo conté… vamos, que yo le contaba a toda la familia lo del perro abandonado, y todos me decían ¡que pena! pero nadie me animaba a recogerlo en casa, hasta que el día 8 de agosto llegó mi marido.

Fuimos a dar un paseo y ¡oh, qué sorpresa el perro abandonado! Claro, yo presenté al perro a mi marido, pero de nada sirvió. A la noche, después de cenar, salimos al teleclub y al volver a casa el perro nos siguió. Y cuál fue mi sorpresa cuando mi marido invitó al perro a dormir esa noche en el jardín. Sus palabras fueron: " bueno pasa, y si te portas bien ya veremos lo que hacemos". Yo estaba contentísima, pero guardé las formas (jajaja).

Al día siguiente lo primero que hizo mi marido fue asomarse por la ventana para saludar al perro, y decidimos bajar a darle un baño. No dijo que no; se conoce que prefería oler bien y que su pelo brillase. Bueno, seguido le bajamos al veterinario le pusimos las vacunas pertinentes y el chip. Nos dijo que tendría sobre siete meses, así que decidimos que su fecha de nacimiento fuera el 8 de enero.

Mi marido decidió que el perro se quedase entre semana en el pueblo y yo -como ya le conozco- no dije nada. La primera semana (esta, en la que escribo esta historia) que bajamos a Bilbao le pedí bajar al perro y cedió. A los dos días me dijo que el perro debía de estar con nosotros todos los días, que no era justo que se quedase sólo en el pueblo.

Tengo un marido maravilloso que se llama Julián y un perro estupendo que también tiene nombre (Hiru) y una nueva familia.

María, Bilbao, 36 años.





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