
Me llamo Mariló, soy de Donostia, tengo 42 años, y os escribo para compartir con vosotros mi historia con Leo, mi precioso compañero de piso (y, si no, juzgadlo
vosotros mismos mirando la foto).
Antes de tener conmigo a Leo tuve como compañero un gato durante ocho años.
Lo crié desde que tenía tres días de vida. Yo soy profesora de primaria y uno
de mis alumnos me lo trajo a clase diciendo que, ya que debíamos estudiar a
los animales, qué cosa mejor que criar uno. Y así lo hicimos. Entre todas/os
las/os niñas/os de la clase lo cuidamos hasta que cumplió seis meses; entonces por razones evidentes (no era ese el hábitat natural del gato) me lo lleve a mi
casa y compartimos piso durante ocho preciosos años, al cabo de los cuales
despareció.
Era mi momento de tener un perro y, pese a la oposición de mucha gente de mi
Entorno, el verano del 200 fui a la protectora de animales que hay en San
Sebastián a buscar un/a nueva/o compañera/o. Me costó tres visitas al
Recinto, porque no era capaz de ver a los animales a través de las lagrimas.
No podía remediarlo.
¡A la tercera fue la vencida! Hablé con la responsable, le expliqué mi ritmo
de vida y me aconsejó cuál era la/el mejor compañera/o. Cuando vi como Leo
(entonces le llamaban León, por el pelaje que tiene) defendía a otro perro,
no lo dudé. Ya lleva conmigo cuatro años, y es de lo más cariñoso. Se ha ganado a
todo mi entorno y ahora lo miman más de lo que yo misma lo hago. Como podéis ver en la foto está en la nieve, que le encanta, y sin embargo el agua... la odia. Es
una maravilla.
Animo a todo aquel que desee tener una mascota que acoja a una de alguna
protectora, perrera o asociacion de amigos de los animales. Nunca te lo agradecerás bastante.
Mariló, Donostia, 42 años.
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