| Soy una educadora de perros guía de la Escuela de Madrid. Llevo 15 cachorros, de los cuales tres no sirvieron y no tuve ninguna duda, los adopté definitivamente. Cuando tenía la segunda adoptada, y entregué a Vekam yo misma me decía: “… tres labradores; es imposible de mantener... si lo rechazan le buscaré una familia, pero a mi casa es imposible”.
Recibí una llamada de su adiestrador, y me dijo que lo rechazaban, porque cada vez que lo separaban de mí sólo lloraba, no trabajaba, y tenía depresión. Ni tuve que volver hacer las cuentas que había hecho; siempre se puede apretar uno más el cinturón. Cuando oyó mi voz sus cuidadores se quedaron impresionados, tanto, que le pasaron el lector del chip tres veces para comprobar que era él. Nunca, a pesar de que no siempre me viene bien pagar tres sacos de 15 kilos de pienso, me he arrepentido de adoptar a Vekam.
Como todos los días, una tarde de marzo de 2004 salimos a pasear por el campo, estaban descompuestos. No paraban de llevarme hacía unos matorrales, yo, muy mal pensada, pensé que había comida... pero era una gata, con quemaduras y llena de heridas, claramente abandonada.
Se dejó coger sin problemas, y esa noche dormí dos horas, pero disfrutaba viendo como los perros cuidaban de la gata. A la mañana siguiente fui con la gata a la perrera municipal, pero debieron “calarme” cuando me vieron aparecer con tres labradores, una gata herida y unas ojeras hasta los pies. Me dijeron lo que no quería oir: "aquí va a ser muy difícil". Eramos ya uno más. Y cada día que pasaba estaba más contenta: la gata engordaba, y todo iba muy bien hasta que el veterinario me dijo que estaba preñada... Pasó el tiempo, y Busi tuvo cinco gatitos. Fue absolutamente agotador porque, además, tenía claro que aunque tardara más, les iba a buscar una buena casa. Cuatro de los cinco viven y les visito en casas en que les quieren. El quinto está con nosotros, con su madre, que se ha convertido en la reina de la casa.
Mucha gente me dice que les doy pena por mis obligaciones. A mi, sinceramente, me dan más pena ellos, porque estoy segura de que no han podido disfrutar del cariño que dan estos preciosos animales.
Adoptaría a muchos más perros, pero son varios los refugios que cuentan conmigo para otras cosas y, además, entienden que yo ya no puedo tener más animales.
María, Madrid, 38 años. |