| Desde pequeña me han encantado todo tipo de animales: perros, gatos y demás mascotas. Cuando tenía ocho años mi madre me regaló un hamster dada mi insistencia por tener una mascota. Sin embargo, mi ilusión siempre había sido tener un perro y, cuando tenía 12 años y mis padres consideraron que podía ocuparme de pasearlo, nos llevaron a mi hermano y a mi a un albergue para adoptar uno. Fuimos a un albergue porque mi madre pensaba que no era correcto gastar dinero en un perro habiendo tantos animales sufriendo abandonados.
Llegamos y nos enseñaron una perrita negra de un año y medio llamada Cora y, sin pensarlo ni querer ver otros, nos la llevamos. Durante tres años fui muy feliz con ella pero, desgraciadamente, un día corrió detrás de un gato y un coche la atropelló. Sentí su pérdida como si de una persona se tratara y aún hoy me acuerdo de ella a menudo.
Tres días después fuimos a por otra perrita y nos llevamos a Marga, que tenía seis meses. Está muy loca y salta como un canguro, pero la quiero. A ella no la suelto nunca por el miedo que cogí, pero se divierte con su correa de ocho metros. Marga tiene ya nueve años y espero que viva muchos más.
El día que me falte Marga iré a por otro perro a un albergue. No entiendo cómo alguien puede comprar uno. Yo lo que busco es cariño, no un papel que ponga una raza.
¡Un saludo a todos los amantes de los animales!
Natalia, Madrid, 24 años.
|